el deleite vienés y la eficiencia alemana

“¡Cómo os habéis equivocado siempre! Era al afán, al trabajo, al quebranto, a la fatiga;        no al sosiego, ni a la holganza, ni al goce, ni a la hartura, a quienes teníais que haberles preguntado: «¿Para qué servís?»”.

A pesar de que en una ocasión anterior ya había posteado este pecio de Vendrán más años malos, me ha venido de nuevo a la memoria a raíz del libro que he empezado a leer hoy, El mundo de ayer, de Stefan Zweig, en cuyo primer texto, “El mundo de la seguridad”, he hallado lo siguiente:

“La gente vivía bien, la vida era fácil y despreocupada en aquella vieja Viena, y los alemanes del norte miraban con cierto enojo y desdén a sus vecinos del Danubio, que, en vez de ser «eficientes» y mantener un riguroso orden, disfrutábamos de la vida, comíamos bien, nos deleitábamos con el teatro y las fiestas y, además, hacíamos una música excelente. En vez de la «eficiencia» alemana que, al fin y al cabo, ha amargado y trastornado la existencia de todos los demás pueblos, en vez de ese ácido querer-ir-delante-de-todos-los-demás y de progresar a toda velocidad, a las gentes de Viena les gustaba conversar plácidamente, cultivar una convivencia agradable y dejar que todo el mundo fuera a lo suyo, sin envidia, en un ambiente de tolerancia afable y quizás un poco laxa” (44-45).

Si bien parece que Zweig idealiza ese pasado vienés justamente por el futuro que se le avecinaba, las dos guerras mundiales, el antisemitismo y el exilio que estaban por venir, y obvia los problemas que sufrían las clases vienesas nada acomodadas, como la explotación laboral, el trabajo infantil, la prostitución o la escasez de vivienda provocada por un aumento de la inmigración que acudía al calor del desarrollo industrial, no deja de ser interesante la lectura en paralelo de un pensador meridional como es Ferlosio, medio italiano medio español, con otro septentrional como Zweig. Y con este son ya dos los escritores vieneses con los que hemos conectado en ferlonomics a RSF, el Karl Kraus de la Prospe.

El final del párrafo de Zweig dice así:”«Vivir y dejar vivir» era la famosa máxima vienesa, una máxima que todavía hoy me parece más humana que todos los imperativos categóricos”, lo que a su vez conecta con otra de mis lecturas de estos días, El Círculo de Viena. Empirismo lógico, ciencia y política, de Fiedrich Stadler, donde se asocia el desarrollo científico e intelectual austriaco de la Viena de cambio de siglo con el distanciamiento respecto de la filosofía kantiana. En otras palabras, estamos ante la oposición de dos paradigmas: uno, el vienés, la exigencia de verificación propia del positivismo y la necesidad de contrastar las proposiciones con el mundo expuesta por Wittgenstein en su Tractatus; el otro, el alemán y su creencia en la existencia de verdades a priori.

Stefan Zweig, El mundo de ayer. Memorias de un europeo. Barcelona, Acantilado, 2011. Trad.: J. Fontcuberta y A. Orzeszek.

Fiedrich Stadler, El Círculo de Viena. Empirismo lógico, ciencia y política. Chile, FCE, 2011. Trad.: L. F. Segura Martinez.

SZ WK

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