¡Es el miedo, estúpidos!

1. “I have a message for the Scots: Be afraid, be very afraid. The risks of going it alone are huge. You may think that Scotland can become another Canada, but it’s all too likely that it would end up becoming Spain without the sunshine”.

Paul Krugman y su bola de cristal en The New York Times.

2. En La sociedad abierta y sus enemigos (LSA) Karl Popper define a los historicistas como aquellos que “creen haber descubierto ciertas leyes de la historia que les permiten profetizar el curso de los sucesos históricos”. Es decir, aquellos Nostradamus que no diferencian la profecía histórica de la predicción científica.

Popper escribió LSA en 1943, antes del fin de la II Guerra Mundial, azuzado por “la posibilidad de que el marxismo se convirtiera en un problema fundamental”. Los objetivos de la obra eran, siempre según Popper, analizar la aplicación del método científico a las ciencias sociales, contribuir a la comprensión del totalitarismo, estudiar los principios de reconstrucción democrática, criticar los sistemas filosóficos responsables del prejuicio contra la posibilidad democrática y hacer frente a la ingeniería social utópica, propia de las sociedades cerradas, tribales y totalitarias de platónicos, hegelianos y marxistas, mediante la ingeniería social gradual, propia de las sociedades abiertas y liberales de los popperianos.

3. Al margen de que la interpretación de Popper exude revisionismo, la lectura de LSA me ayudó en un sentido: me ayudó a concluir que los historicistas de los que nos tenemos que cuidar en el siglo XXI son los economistas, esos nuevos gurús que, como Paul Krugman, se suben a tribunas como la del New York Times a lanzar amenazas maquilladas de ironía.

4. ¿Con qué fin nos avisan? Con el mismo que le echaba e cara Popper a Platón y a Marx: el de buscar la felicidad de la sociedad. Krugman advierte que votar a favor de la independencia de Escocia traerá terribles males a los escoceses; que los escoceses que estén a favor de la independencia, esto es, a favor de tomar decisiones y asumir todas las consecuencias que ello traiga consigo, tanto negativas como positivas, pero, en todo caso, impredecibles, estos escoceses, digo, o dice Paul, deben tener miedo.

No es casualidad que el verbo empleado en estos casos sea el de “castigar”: los mercados castigarán a todos y cada uno de los escoceses que quieran explorar las posibilidades que pueda traer consigo la independencia. La técnica de “ensayo y error” es solo para los científicos, no para los escoceses. ¿Qué haremos, entonces, con Higgs, Maxwell, Bell, Fleming, Lord Kelvin, Brown, Watt, Napier, todos científicos y todos escoceses?

5. Paul Krugman, tienes dos opciones:

A) Cómete tu bola de cristal.

B) Te cambiamos tu bola de cristal por un afeitado de barba en alguna de las muchas barberías de Edimburgo: no eres digno de ella (de la barba, no de la bola).

barbers

P. S.: Los economistas historicistas son como los hombres blancos heteros: no tienen género ni raza ni orientación sexual, ya saben, son normales.

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